¿Qué tan estúpida puedo llegar a ser? … Lo suficiente como para lastimarme con mis propias palabras.
Esta encrucijada que me sigue perdiendo y llevando de vuelta al inicio de todo, en donde soy vulnerable y temerosa, en donde nada tiene sentido.
No es insomnio. Son las caídas, las lágrimas, las sonrisas, las palabras, las letras, los abrazos, los golpes, los libros, las horas, los pasos, las luces, el cielo, la música, los rostros, las miradas y los recuerdos. Los recuerdos que matan al repetir en todo momento que ya no vuelven, que están…
Gracias…
Gracias por discutir conmigo. En primera, me empujaste a mi punto de ruptura, por lo que ahora sé que nunca volveré allí.
En segunda, gracias por adivinar cada gesto romántico que planee para ti, pensando que no eran más que intentos miserables de remendar mis errores o asegurarte a mi lado por necesidad. Me enseñaste que yo soy más capaz que solo ser romántica, casi patética.
Gracias por compartir conmigo música “maldita” para tu gusto. Me enseñaste que puedo compartir las facetas complejas de mi vida, con otra persona. Y que cuando esos momentos compartidos duran más que nuestra relación está bien sentarse, pensar en ellos y recordarte.
Gracias por las noches aburridas en el sofá. Mientras me quejaba varias noches con nada más que un six de cerveza, un control, y una copia de The Office - me di cuenta de mi afecto por la simplicidad. Me enseñaste que yo puedo lograr más que sola poner la botella de Jack Daniels, y usar un libro de cocina.
Gracias por la pérdida de afecto. Tú me enseñaste que no faltan elogios, caricias. Que a veces los lados separados de la cama no vienen mal, me enseñaste a dar espacio. He aprendido que necesito tranquilidad física y la afirmación verbal de vez en cuando. También he aprendido que tal necesidad no está bien.
Gracias por amarme. Hubo momentos en que, sin lugar a dudas, me hiciste feliz como nunca lo había sido. Hubo momentos en que una mirada robada, una broma interna, un beso tierno y una canción dedicada, me enviaron a un mundo de besos de mariposa. Me enseñaste que yo soy capaz de ser feliz sin pedir disculpas, que pude ser tan feliz.
Gracias por no ayudarme a tomar una decisión difícil. Me enseñaste que puedo sobrevivir a la peor situación imaginable. Que puedo sobrevivir contigo. Y, finalmente, que puedo sobrevivir sin ti. He aprendido que no puedo cambiar las decisiones que he tomado, pero puedo aprender a vivir con ellas.
Gracias por dejarme. Puede que haya sido un desastre de ebriedad. Un blanco fácil para cualquier caballero de una noche. Una colección de malas decisiones y mierda con pocas opciones de vida. Pero yo era yo, en cada lado oscuro y feo, en cada faceta de mí. Gracias por romperme en pedazos, me enseñaste como construirme de nuevo, y a tener un respaldo de mi misma por si me quiebro.
Gracias por llamadas telefónicas ignoradas. Te odiaba por ello, pero tu eras el mas fuerte de los dos. Me salvaste de mí mismo. Y me enseñaste que yo podía vivir en un mundo en el que ya no existías, y florecer.
Gracias por impactarme.
Gracias por cambiarme.
Y, por último, muchas gracias por ayudar a crear un yo que es amado, por otra persona.
Se que estas bien y que todo marcha de maravilla.
No es necesario hacer notar en fechas importantes que podría jamás romper la promesa que un día fijamos, no es que sea importante como para mencionarlo, pero parece justo expresarlo abiertamente.